Hace poco fue mi aniversario, pero porque así lo decidimos. Y eso de elegir LA fecha, les digo, fue raro.
Y es que hasta antes de mi chico, todas mis relaciones formales habían empezado con el clásico quieresestarconmigo (y seguramente terminado con el archiconocido tenemosquehablar). La fecha de inicio quedaba clara, y luego pasábamos del salir, al estar, para dibujar la curva del enamoramiento, esa que sube exponencialmente y así como sube, empieza a bajar como por fuerza de gravedad hasta aplastar un corazón o dos.
Con los informales, pasa diferente. No hay paraestares, ni parablares. No hay fechas, y con las justas un estamosaliendo pero esto-solo-es-para-ti. La curva puede ir cual ritmo cardiaco de arriba hacia abajo, o arrancar con una subida que al medio desaparece sin dejar huella. Simplemente, de-sa-pa-re-ce. Entonces, se supera rápido y en lugar de una herida, es como si al corazón le hubiera salido un granito al que decidimos secar con Colgate fresh.
However. Con mi chico fue diferente. Nos conocimos hace más de dos años y ... (ya pues). Pero como él vivía acá, y yo allá, pues ni hablar, fue un gusto.
Pero fue más que un gusto. Y no les voy a contar toda la historia, porque luego me engancho y no paro y, como sabrán, yo soy de posts cortos. Pero la vaina fue que nunca estuvimos. Sólo viajábamos para vernos lo que el sueldo y las vacaciones nos permitían, mientras decidíamos que iba a ser de nosotros, pues su no hablar castellano y mi no tener visa europea nos estaba saliendo caro.
Y por eso estoy acá, y pasada la ilusión de poder despertarme con él todos los días, le di una miradita a mis derechos como mujer enamorada y me di cuenta que uno no se cumplía: no tenía aniversario!
(Allá las modernas que dicen que las fechas no importan. Pero mira, si de algo soy fan es del amor, y si puede haber un día en el que pueda celebrarlo por mil, quiero tenerlo).
Hace poco fue un año que llegué a Holanda con un nudo en el estómago de los nervios, y 19 de agosto no sonaba tan feo. Feliz aniversario, flaco.