Papi, hoy me acuerdo de ese domingo que salimos a almorzar con tus amigos. Son una pareja divertida, a mí también me gusta salir con ellos. Si no me equivoco, lo que nos sacó a la calle fueron esos primeros rayitos de sol de octubre, y comer en la rotonda del club fue una propuesta buena. Por qué, papi? Por qué nunca te equivocas?
Salimos los seis, más Juanito pero bueno, el siempre vive en las nubes por lo que no cuenta mucho. Salimos los seis y nos sentamos bajo una sombrilla, yo pedí un pisco sour y una ensalada, como siempre hago. El resto optó por el buffet, pero para mí eso es pérdida… sí, mis alergias.
Cómo fue? No recuerdo bien. Sólo recuerdo que Juan preguntó por cómo iban mis prácticas. Habré hecho mucha mueca? Se notó mi disgusto? Tú lo notaste, yo lo sé. Y claro que no te quedaste callado, dijiste: “ah, ella cree que las cosas son fáciles”. Eso dijiste y me acuerdo bien. ¿Cómo haces, papá? ¿Cómo haces para lograrlo tan fácilmente? Unas palabras tranquilas bastan para hincarme el alma. Si algo sé gracias a ti, papá, es que las cosas no son gratis y que hay que lucharla. Pero es cierto, eso de los sueños, no sé de donde los saque. Tú eres práctico, y claro, nunca te equivocas.
Poco a poco, la conversación se tornó más densa. Juan trató de ser mediador, de contarme el otro lado de la historia, tú eras objetivo, te colocabas tu estrella de abogado y cumplías con argumentar. Yo me defendía débilmente, con sentimientos, con corazonadas, con corazón. Carecía de hechos y la fragilidad me iba tumbando. Papi, sé que lloré y te pido perdón. “Acaso lloras en el trabajo cuando no te hacen caso? Aprende a argumentar”, eso dijiste. Pero qué podía hacer?
Discutíamos sobre que línea de carrera debía/quería tomar. No quería el traje, quería el jean. No quería hacer el brief, quería pensarlo. No quería pedir, quería hacer. No quiero una empresa papá, y menos en la que estoy ahora. Recuerdo que también te dije que no la pondría en mi CV, para qué? Sólo me crearía un perfil que no quiero mostrar. La mirada que me diste. Tú no entiendes, no entendías.
Hoy, esas prácticas ya terminaron. Hoy entré a otras, a las que tanto quería.
QuerÍA Sabes papi? Cada vez me sorprendes más, no puede ser… no puede ser que
nunca te equivoques.