No importa si no le provoca sopita de verduras al final del domingo, o si no me espera con una bandeja de frutas. No espero que toque en la guitarra canciones que no hablan de mí pero son para mí. No pido que conozca mi cuerpo, mis ideas, ni cómo me gusta el café; tampoco que corra conmigo por las mañanas, o que caminemos el malecón sin decir una sola palabra. No necesito las tardes en la cocina, o el Perú.21 con el café. No tiene que recogerme o dejarme en mi casa, regalarme flores, ni tampoco abrirme todas las puertas por las que voy a pasar. No debemos tomar inacabables botellas de vino y guardar los corchos como tesoros...
No espero nada (
para ver qué pasa). O quizá espero mucho más.
Ah sí, y la paga es poca, con posibilidad de ascenso o de quedarse por siempre.